Tener miedo ¿Y quién no?

World Vision
Apr 13, 2020 3:52:47 PM

Por Harold Segura - Director de Fe y Desarrollo World Vision Latinoamérica y El Caribe

En estos días he estado pensando en un asunto referente a nuestra fe y nuestra manera de vivir la actual crisis global. El efecto sobre la salud es evidente, pero desencadenará otro efecto sobre la vida económica y social.

En lo que he estado pensando es en cómo gestionar el miedo. Porque les confieso: estoy asustado con lo que está pasando y con lo que puede pasar. Primero leí aquel pasaje del Evangelio de Marcos, en el capítulo 4 donde los discípulos entraron en pánico ante una tormenta que se desató en el Lago de Galilea, ya entrada la noche. En esa situación gritaron: “Maestro, ¿no te importa que estemos a punto de perecer?”. Es fácil comprender a los discípulos. Nadie que se considere normal podría mantenerse en calma cuando las olas azotan su barca y nos amenazan con la muerte. ¡Nadie! Lo más desconcertante es lo que les dijo el Maestro: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?”.

Junto a este episodio de la tormenta, han venido a mi mente otros pasajes de los Evangelios en los que se cuenta que los discípulos tuvieron miedo. El que más me asombró es el que se encuentra al final del Evangelio de Juan, cuando los discípulos estaban encerrados después de la muerte de Jesús. No sabía qué iba a pasar ahora sin la presencia viva del Maestro. El texto dice que “Aquel mismo primer día de la semana, al anochecer, estaban reunidos los discípulos en una casa, con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes”. Esto está en Juan, capítulo 20, versículo 19. Ya más adelante, en el versículo 21, Jesús les dice: "La paz sea con ustedes”.

Basta solamente esos dos ejemplos de los discípulos con miedo, porque la lista es larga. El desasosiego era una característica de ellos, sobre todo de los varones que seguían a Jesús. Bueno, en esto he estado pensando: que lo humano es tener miedo (yo lo tengo). Y esto es entendible. Pero, la fe nos permitiría (si es que logramos activarla) vivir nuestra humanidad de una manera diferente. Porque la fe no nos despoja de nuestra humanidad, sino que nos alienta a no quedarnos atrapados en ella. Es decir, que, con fe, uno podría vivir su miedo de una manera diferente, no dejando que el miedo abuse de nosotros, sino que nosotros usemos ese sentimiento tan humano para vivir la tempestad de una manera diferente. A esto es a lo que Jesús nos invita cuando dice: ¿Cómo es que no tenéis fe?

Cuando hay fe, hay esperanza, surge la confianza y crece la solidaridad.

Quien tiene fe en Dios, se moviliza, no se paraliza. Sabe que Dios lo cuida y también que nos pide que nos cuidemos y cuidemos a los demás. Quien tiene fe, es realista con la situación presente. Porque la fe no es ingenuidad. Pero confía que el mal no tendrá la última palabra y que, con esa fe sensible, tierna y responsable, podemos anhelar y trabajar por un mundo mejor, una sociedad más justa, con una iglesia más solidaria.

Jesús nos advierte: “En el mundo tendrán sufrimientos; pero ¡ánimo!, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33)[1].

[1] Todas las citas bíblicas han sido tomadas de La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH), 2010, Sociedad Bíblica de España

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