Cada 7 de abril, el mundo recuerda que la salud es un derecho, no un privilegio. Este 2026, la OMS propone el lema “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”, una invitación a tomar decisiones informadas y a convertir la evidencia en acciones reales para proteger la vida.
Pero en Ecuador, hablar de salud no puede quedarse solo en hospitales, consultas o medicinas. Hablar de salud también es hablar de una niña que llega a clases sin desayunar. De un adolescente que vive con miedo por la violencia en su barrio. De una madre que no logra cubrir la comida del día. De una familia que sabe que necesita ayuda emocional, pero no sabe dónde encontrarla.
En otras palabras: la salud también se juega en la casa, en la escuela, en la comunidad y en la posibilidad de crecer con seguridad, afecto y alimentación suficiente.
A veces pensamos en salud solo cuando algo duele. Pero la salud empieza antes. Empieza cuando una niña o un niño recibe buena alimentación, agua segura, descanso, vacunas, afecto, estimulación y un entorno donde pueda sentirse protegido.
En Ecuador, esa base todavía no está garantizada para toda la niñez. 19,3% de niñas y niños menores de 2 años presenta desnutrición crónica infantil, y entre menores de 5 años la prevalencia es de 17,5%. Además, solo 1 de cada 3 accede a servicios de desarrollo infantil y 1 de cada 2 niñas y niños de 6 meses no recibe lactancia materna exclusiva.
Detrás de esos números hay una realidad dura: miles de niñas y niños empiezan la vida con desventajas que no deberían existir. Y cuando la primera infancia se descuida, las consecuencias no se quedan en esa etapa. Alcanzan el aprendizaje, el desarrollo emocional, la autoestima y las oportunidades futuras.
No se puede hablar de salud infantil sin hablar de alimentación. Y, en Ecuador, la propia niñez ya lo está diciendo con claridad. La encuesta nacional Tu Voz, Tus Derechos 2025 escuchó a 264.000 niñas, niños y adolescentes de todo el país. Sus respuestas dejan poco espacio para la indiferencia: 38% dijo que no siempre tiene suficiente comida, 46% no considera que su alimentación sea nutritiva y 62% consume snacks o procesados con frecuencia. Además, 60% ha vivido momentos sin alimentos por falta de dinero en casa.
Eso significa que para muchas familias la alimentación no está guiada por lo ideal, sino por lo posible. Y cuando el presupuesto no alcanza, lo primero que se sacrifica casi siempre es la calidad de la comida.
La pobreza explica una parte importante de esta realidad. En junio de 2025, 24,0% de la población vivía en pobreza por ingresos, 41,7% de la población rural estaba en esa misma condición y 6 de cada 10 hogares no contaban con ingresos suficientes para cubrir la canasta básica. Por eso, cuando hablamos de salud, también estamos hablando de ingresos, desigualdad y acceso real a alimentos nutritivos.
Para muchas niñas y niños, la alimentación escolar no es un complemento. Es una parte importante de su bienestar diario. En la misma encuesta nacional de 2025, 53% señaló que recibe desayuno o almuerzo escolar. Sin embargo, menos de la mitad percibe esa alimentación como suficiente y nutritiva. Aun así, hay algo valioso en sus respuestas: quieren participar, quieren ser escuchados y tienen ideas concretas para mejorar los menús, incluyendo más alimentos locales y tradicionales.
Eso dice mucho. La niñez no solo está señalando problemas; también está proponiendo soluciones. Y ahí hay una oportunidad enorme para construir políticas públicas más conectadas con la realidad y con la cultura alimentaria de cada territorio.
Otra deuda que no siempre se ve es la salud mental. Y, sin embargo, está presente en la vida diaria de miles de niñas, niños y adolescentes. En Ecuador, 2 de cada 10 niñas, niños y adolescentes presentan síntomas de depresión o ansiedad. A eso se suma una brecha importante en el acceso a atención especializada: según el perfil país de la OMS sobre salud mental, el país contaba con 7,21 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, entre ellos 0,42 psiquiatras y 4,96 psicólogos por cada 100.000 habitantes, además de personal de enfermería, trabajo social y otros perfiles especializados
Además, niñas, niños y adolescentes reportan ansiedad, miedo e incertidumbre asociadas a la violencia y a la crisis económica. Sus propias aspiraciones lo reflejan con una frase sencilla y poderosa: quieren “vivir sin miedo, tener escuelas seguras y contar con adultos que acompañen”.
Eso también es salud.
Porque un niño que no duerme bien por miedo, una adolescente que vive bajo estrés permanente o una familia que normaliza la tristeza porque no encuentra apoyo, no están bien, aunque nadie lo vea a simple vista.
En población en movilidad humana, la situación puede ser aún más compleja. Un estudio nacional impulsado por World Vision Ecuador encontró que 74% siente actualmente algún tipo de afectación en su salud mental, mientras 81% nunca ha sido atendido por esa causa.
La salud mental sigue siendo una urgencia silenciosa.
La violencia también enferma. A veces deja heridas físicas. Otras veces deja ansiedad, duelo, estrés tóxico, insomnio y una sensación permanente de inseguridad.
En Ecuador, el impacto sobre la niñez es alarmante. Entre enero y junio de 2025 se registraron 294 muertes violentas de niñas, niños y adolescentes. Además, los homicidios de esta población pasaron de 104 en 2019 a 770 en 2023, un incremento de 640%.
El estudio situacional del Observatorio de Niñez, Adolescencia y Juventud muestra además que, en 2025, el país cerró con 9.216 homicidios intencionales, y que en el caso de niñas, niños y adolescentes llegó a producirse una muerte cada 15 horas.
No se puede hablar de salud integral sin mirar ese contexto. Crecer en un entorno de miedo, amenazas o reclutamiento forzado no solo rompe la tranquilidad de una infancia. También debilita la confianza, la motivación, el aprendizaje y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.
Un ejemplo son los Espacios para la Ternura y la Alegría para la Niñez desarrollados en Monte Sinaí, Guayaquil, para niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Según el reporte, 96,83% expresó sentirse más protegido, 84,13% evidenció un proceso de recuperación psicológica o emocional y 77,78% indicó que se siente valioso.
Estos datos recuerdan algo esencial: cuando una niña o un niño encuentra un espacio seguro, con juego, escucha y acompañamiento, no solo pasa un buen momento. También fortalece su bienestar emocional y su capacidad de recuperarse.
World Vision Ecuador ha puesto sobre la mesa temas que están directamente conectados con la salud de la niñez: derecho a la alimentación, desnutrición, salud mental, protección y escucha activa a niñas, niños y adolescentes. En su campaña SUFICIENTE, por ejemplo, recuerda que en Ecuador 1 de cada 5 niñas y niños menores de 2 años padece desnutrición crónica.
Además, su trabajo en consultas nacionales, estudios y programas comunitarios muestra una apuesta clara: entender la salud como bienestar integral, no solo como ausencia de enfermedad.
¿Qué necesita una niña o un niño para estar realmente bien? La respuesta no cabe en una sola receta. Necesita alimentación suficiente. Necesita adultos que cuiden. Necesita entornos seguros. Necesita apoyo emocional. Necesita servicios de salud cercanos y oportunos. Necesita una escuela que acompañe. Necesita una comunidad que no normalice la violencia. Necesita ser escuchado.
En el Día Mundial de la Salud, Ecuador tiene una oportunidad valiosa: dejar de pensar la salud como un tema aislado y empezar a verla como parte del derecho de cada niña, niño y adolescente a vivir con dignidad.
Porque cuando una infancia crece con hambre, miedo o tristeza, el problema no es individual. Es colectivo. Y también lo debe ser la respuesta.
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