El costo de ser madre a los 15 años

World Vision
May 20, 2021 1:00:00 PM

 

Una infancia llena de sufrimiento y soledad, donde a los seis años ya cuidaba a su hermanito menor quien padecía una discapacidad. Muchas veces, con la necesidad de ir tocando en la puerta de los vecinos para pedir comida; siempre triste por no tener una familia completa, ni un techo seguro, soñando con que la amaran y protegieran; ese es el testimonio de Alexandra García, quien ahora tiene 20 años de edad.

                                                                                                                   

"Estudiaba noveno grado y mi mamá era quien nos sostenía como podía: lavando ajeno y siendo conserje", relata Alexandra. A sus 15 años, trataba de salir con las mejores calificaciones y soñaba con entrar al cuerpo de policía. Cuenta que la falta de comunicación con su madre y abuela y, sumado a eso, la inestabilidad familiar tanto económica, emocional y espiritual hizo que se hiciera amiga de un joven, tres años mayor que ella.

 

De inmediato se convirtió en su primer novio y al poco tiempo, a través de una fuerte anemia que le provocaba desmayos, supo que tenía tres meses de embarazo. "Cuando el médico me dijo: estás embarazada; sentí muchas emociones: asombro, alegría y preocupación a la vez, por mi condición económica, me repetía una y mil veces, que no tenía nada que ofrecer al hijo que llevaba en mi vientre."

 

Al preguntarle, sobre las causas que la condujeron a tomar la decisión de tener relaciones sexuales a temprana edad, Alexandra asegura “que me empujó, la misma ignorancia por la falta de comunicación con mi madre; el miedo y pena de no poder hablar sobre relaciones sexuales y por su puesto la falta de amor que tenía en mi hogar. Mi mamá hacía lo que podía para proveer a la casa. A las dos veces de estar con mi novio quedé embarazada y aunque me dieron la opción de abortar no lo quise hacer. Lo duro fue cuando volví a la escuela, me discriminaron mis compañeras y maestras. La directora me dijo que dejara de estudiar, porque era un mal ejemplo para mis compañeras. Así fue como perdí el año y cargaba con una frustración más en mi vida. Lloré como nunca al sentirme señalada y toda la gente me veía como una joven de mala reputación".

 

El estigma y la discriminación fueron dos factores negativos que empeoraron el estado anímico y la autoestima en Alexandra. Su derecho a la salud, a la educación y a la protección se vieron violentados por todos los que la rodeaban. A los ocho meses de embarazo, le detectaron un problema en un riñón, afortunadamente se recuperó y en medio de su tratamiento, supo que su bebé era un varón. "Eso cambio mi vida, no me importó que toda la gente me viera de menos, yo me sentía feliz. Fue un embarazo difícil, sin apoyo de nadie, solo de mi mamá. El papá de mi hijo me abandonó y tuve que enfrentar sola el nacimiento de Daniel", agrega Alexandra.

 

En El Salvador, entre 2015 y 2017, se han registrado 65,678 inscripciones prenatales de niñas y adolescentes entre los 10 y los 19 años. Además, en 2017, del total de embarazos, 781 eran niñas de 10 a 14 años y dentro de este grupo se registraron 46 menores de 12 años. En ese mismo año, la Fiscalía General de la República reportó más de 2,025 niñas y adolescentes víctimas de violación. En ese mismo periodo, las Juntas de Protección de la Niñez y de la Adolescencia del CONNA, conocieron 2,361 casos de vulneraciones al derecho a la integridad sexual de niñas, niños y adolescentes.

 

Al nacer su hijo, empezó a estudiar en la escuela nocturna para terminar noveno grado, lo cual hizo con honores. En el 2019 inició el bachillerato, y estudiaba en línea para cuidar a su hijo y su hermana menor. En el año 2020 se inscribió en cosmetología, barbería y acrilismo, pero por la pandemia, no pudo terminar. "Una nueva frustración. En este punto de mi vida, pensé que todo lo que comenzaba no lo podía concluir. Le dije a Dios que quería tener un momento de cantar victoria y decir lo logré, ya no por mí sino por mi hijo, por su bienestar. De repente, mi esperanza apareció a través del Facebook cuando vi un nuncio del proyecto Súper Pilas de World Vision. Mandé mis datos a la convocatoria, mi sorpresa fue que se comunicaron conmigo y me registré, luego me notificaron que era parte de un grupo de estudio."

 

Todo parecía ir mejorando en la vida de Alexandra, a pesar de la pandemia, sus sueños no se detenían, hacía ventas de comida típica y licuados para generar ingresos para el hogar y tener para comprar saldo a su celular para recibir las clases virtuales de Súper Pilas. "Durante la pandemia fue difícil porque la comida era escasa y luego vinieron las lluvias que afectaron mi vivienda, porque vivo en una zona de riesgo por desborde de tierra, pero a través de World Vision recibimos ayuda alimenticia y productos de desinfección que nos ayudaron en gran manera".

Al escuchar el testimonio de otros jóvenes en Súper Pilas, quienes ya estaban emprendiendo un negocio, regresando a la escuela o adquiriendo un empleo formal, Alexandra se motivaba más. "El tema que más me encantó fue cómo hacer el plan de negocio, porque me llevó a ser ordenada, priorizar y saber invertir", cuenta, quien pasó de ser una mujer embarazada violentada, a ser una joven luchadora y madre amorosa.

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