Zinahy llegó a Ecuador en 2017, junto a su familia, cuando tenía apenas nueve años. En ese entonces, sus padres, Zahir y Franklin, decidieron emigrar buscando una vida mejor para ellos y sus cuatro hijos. Durante los primeros años en Ecuador, la familia se adaptó lentamente a su nueva realidad, enfrentando los desafíos propios de la migración, como encontrar empleo y, especialmente, la integración escolar de los niños. En este proceso, Zinahy y sus tres hermanos se vieron involucrados en una serie de dificultades relacionadas con el acoso escolar, el abuso y la xenofobia.
El ambiente escolar fue especialmente difícil para Zinahy. La discriminación se convirtió en parte de su vida diaria. Como resultado de la presión, ella y sus hermanos decidieron no asistir más a las clases presenciales, eligiendo continuar sus estudios desde casa. Aunque la educación a distancia parecía una solución, el aislamiento afectó gravemente la salud mental de Zinahy, quien empezó a aislarse. La falta de apoyo emocional y herramientas para lidiar con sus emociones complicó aún más la situación. La familia se sintió impotente, ya que no tenían los conocimientos ni los recursos para ayudar a Zinahy a superar sus problemas emocionales.
El cambio llegó en 2024, cuando Zahir, madre de Zinahy, se involucró en el liderazgo pastoral y comenzó a asistir a las capacitaciones de asistencia humanitaria para líderes de fe organizadas por World Vision Ecuador. Aunque Zinahy no tenía ganas de acompañarla a esas jornadas, no quería dejar sola a su madre, por lo que decidió asistir. Fue en este evento donde Zinahy conoció a Layla, una de las promotoras del proyecto VRF de World Vision, quien la invitó a un espacio diseñado para niñas, niños y adolescentes migrantes. Aunque al principio tuvo dudas, apoyada por su madre, Zinahy decidió aceptar la invitación.
Desde el primer día que participó en las reuniones, Zinahy sintió que algo había cambiado dentro de ella. "Aprendí que tenía derechos y que lo que viví tenía propósito", recuerda emocionada. Fue en ese espacio donde empezó a comprender la importancia de su voz como joven migrante, y cómo podía ser un agente de cambio para su comunidad. En pocos meses, su vida dio un giro de 180 grados. De ser una adolescente aislada y retraída, pasó a convertirse en una líder activa, con conocimiento sobre sus derechos y cómo ejercerlos.
Hoy en día, Zinahy es la directora de la red de adolescentes "Jóvenes sin Fronteras", un espacio creado por World Vision en Portoviejo, Ecuador, donde se trabaja por los derechos de las niñas, niños y adolescentes, tanto migrantes como locales. Esta red tiene como objetivo promover la inclusión social, la salud mental y la defensa de los derechos humanos de los jóvenes en situación de vulnerabilidad. Zinahy se ha convertido en un ejemplo de resiliencia, no solo para ella misma, sino también para otros jóvenes migrantes que atraviesan situaciones similares.
"Mi sueño es llegar primero a la ciudad, después al país y que nos conozcan mundialmente. Yo quiero que todos sepan que los adolescentes tenemos una voz que queremos que sea escuchada y que tenemos mucho que aportar", expresa Zinahy con determinación. Zahir, su madre, está profundamente emocionada por el cambio en su hija. "Mi hija era incapaz de conversar con otras personas. Hoy, mis lágrimas son de felicidad porque mi hija tiene las palabras correctas y está muy clara de lo que quiere", dice Zahir, observando con orgullo el progreso de su hija.
El impacto que World Vision ha tenido en la vida de Zinahy ha sido fundamental. A través de los talleres y el acompañamiento constante, Zinahy ha encontrado su voz, su propósito y una comunidad dispuesta a escucharla. Además, ha aprendido a trabajar en temas de salud mental, derechos humanos, movilidad humana lo que le ha permitido no solo superar su condición mental, sino también convertirse en un referente para otros jóvenes migrantes en su comunidad.
La historia de Zinahy es un claro ejemplo de cómo el apoyo adecuado y la creación de espacios seguros para las niñas, niños y adolescentes pueden tener un impacto positivo y duradero. A través del proyecto VRF de World Vision, Zinahy ha podido transformar su vida y ahora está ayudando a otros jóvenes a superar las dificultades que ella misma enfrentó. Es un testimonio de que la resiliencia, cuando se combina con el apoyo adecuado, puede llevar a grandes logros.