Hoy celebramos a las niñas y los niños, pero también vale detenernos a pensar en algo esencial: protegerlos no es solo cuidarlos, sino escucharlos. La infancia no necesita únicamente felicitaciones o regalos; necesita que sus opiniones sean tomadas en serio, que sus derechos se garanticen y que sus necesidades orienten las decisiones de la familia, la escuela y el Estado.
En Ecuador, la voz de la niñez ya dejó claro lo que siente y lo que pide. La consulta nacional Tu Voz, Tus Derechos 2025 reunió a 264.000 niñas, niños y adolescentes de las 24 provincias, y sus respuestas muestran que quieren participar más, opinar sobre lo que les afecta y ver cambios concretos en su vida cotidiana.
Escucharlos no es un gesto simbólico. Es una forma real de protegerlos.
Las niñas, niños y adolescentes no hablan en abstracto. Hablan de su escuela, de lo que comen, de si se sienten seguros, de si hay violencia y de si realmente alguien les hace caso. En la encuesta nacional sobre educación, 56,2% dijo sentirse escuchado/a en su institución educativa, 78,8% se siente seguro/a en su escuela y 91% señaló que sus docentes responden sus dudas. Pero también aparecieron alertas importantes: 15,9% conoció casos de violencia en su unidad educativa y 89,7% dijo que no le han enseñado protocolos o rutas para actuar ante la violencia.
Esa combinación de avances y vacíos importa mucho. Nos dice que sí hay espacios donde la niñez se siente bien, pero todavía falta transformar la escuela en un lugar que informe, prevenga y actúe. No basta con que los niños estén presentes; también deben sentirse escuchados, protegidos y tomados en cuenta.
La voz de la niñez no solo habla de convivencia. También habla de comida, nutrición y bienestar. En la encuesta nacional sobre alimentación, 53% recibe desayuno o almuerzo escolar, pero menos de la mitad lo percibe como suficiente y nutritivo. Además, 60% ha pasado momentos sin alimentos por falta de dinero, 8 de cada 10 quieren que sus opiniones lleguen a las autoridades y 83% quiere participar en decisiones sobre alimentación escolar.
Sus propuestas son muy concretas: quieren frutas, verduras y proteínas locales, mejor higiene, mejor presentación de los alimentos y menús más cercanos a sus gustos y a sus territorios. También quieren que los adultos escuchen más y decidan menos a espaldas de ellos.
Ese mensaje es poderoso porque no habla solo de hambre. Habla de dignidad. Habla de derecho a crecer sanos, fuertes y con energía para aprender.
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Escuchar a niñas y niños también implica reconocer que todavía viven situaciones que no deberían normalizarse. En el estudio sobre educación, 44,7% dijo que hace falta personal docente y 55,6% considera que hace falta personal en el DECE. Al mismo tiempo, 77,5% cree que deberían agregarse más aulas y 88,2% califica la infraestructura como buena, excelente o regular, pero no necesariamente ideal.
En otras palabras, hay escuelas que hacen mucho con lo que tienen, pero no siempre lo suficiente. La niñez percibe las carencias. Lo sabe cuando faltan docentes, cuando no hay orientación emocional, cuando no se explican bien las rutas de protección o cuando la violencia se queda sin respuesta.
La protección no puede depender de la suerte o de la buena voluntad de una sola persona. Tiene que ser un sistema que funcione todos los días.
Una de las lecciones más importantes que dejan estos estudios es que la participación infantil funciona cuando es real. No alcanza con preguntar por cumplir. Hay que crear espacios seguros, escuchar con respeto y hacer algo con lo que ellas y ellos dicen. World Vision lo recoge con claridad: el diálogo intergeneracional debe guiar la formulación y evaluación de políticas, y la voz de niños y adolescentes debe ser considerada en la toma de decisiones.
Esto cambia la forma de ver el Día del Niño. La celebración deja de ser solo una fecha bonita y se convierte en una oportunidad para revisar cómo estamos cumpliendo con su bienestar. ¿Se sienten seguros? ¿Comen bien? ¿Pueden aprender? ¿Saben a quién acudir si algo les pasa? ¿Sienten que su voz vale? Esas preguntas son más importantes que cualquier campaña de un solo día.
Este Día del Niño puede ser una ocasión para algo más profundo: comprometernos a escuchar antes de decidir, acompañar antes de corregir y proteger antes de reaccionar tarde. La niñez ecuatoriana ya está diciendo lo que necesita. Lo ha dicho en educación, en alimentación y en protección. Ahora nos toca a los adultos responder con hechos.
Porque escuchar a niñas y niños no es una cortesía. Es una responsabilidad. Y también es el primer paso para proteger sus derechos y construir un Ecuador más humano.
Hoy, más que celebrar, es momento de actuar. Haz tu donación y ayuda a que más niñas y niños en Ecuador crezcan con educación, protección y oportunidades para un futuro mejor. Conoce más aquí: https://hubs.la/Q04dhmTD0