La primera semana de clases suele sentirse como una pequeña maratón familiar. Hay que volver a los horarios, preparar uniformes, organizar loncheras, pensar en el transporte, revisar tareas y, muchas veces, aprender a convivir con una nueva rutina.
Para niñas, niños y adolescentes también es una semana llena de emociones: reencontrarse con amigos, conocer nuevos docentes, adaptarse a otras materias o comenzar en una institución diferente.
Por eso, antes de pensar únicamente en tareas, notas o pendientes, vale la pena hacer una pregunta más sencilla:
¿Cómo vivimos esta primera semana de clases como familia?
Este pequeño check puede ayudarte a conversar, escuchar y acompañar mejor a tus hijos durante las primeras semanas del año lectivo.
El regreso a clases no implica cambios únicamente para los estudiantes. Las madres, padres y cuidadores también deben reorganizar horarios, presupuesto, alimentación, transporte y responsabilidades. Y eso puede generar cansancio o estrés.
Antes de revisar cómo se adaptaron tus hijos, también puedes preguntarte:
¿Me sentí tranquilo o estresado durante esta semana?
¿Tuve tiempo para escuchar a mis hijos?
¿Las mañanas fueron demasiado apresuradas?
¿Qué podríamos organizar mejor la próxima semana?
¿Qué momento disfrutamos juntos como familia?
No necesitamos tener una rutina perfecta desde el primer día. Adaptarse también toma tiempo.
Una de las conversaciones más comunes al salir de clases suele ser algo parecido a esto:
—¿Cómo te fue?
—Bien.
Y ahí termina todo.
A veces niñas, niños y adolescentes necesitan preguntas más concretas para poder contar lo que realmente vivieron.
Puedes probar con:
¿Qué fue lo más divertido que pasó hoy?
¿Hubo algo que te hizo sentir incómodo?
¿Con quién estuviste durante el recreo?
¿Qué materia te gustó más?
¿Hubo algo que no entendiste?
¿Sentiste que tus profesores te escucharon?
¿Qué hiciste esta semana que te hizo sentir orgulloso?
Escuchar también es una forma de cuidar. En la encuesta Tu Voz, Tus Derechos, realizada por World Vision Ecuador, el 56,2 % de los estudiantes consultados señaló que siempre se siente escuchado dentro de su institución educativa. Otros respondieron que esto ocurre regularmente, algunas veces o nunca.
Crear espacios de escucha en casa puede ayudar a que niñas, niños y adolescentes sepan que tienen un lugar seguro para expresar lo que sienten.
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No siempre los niños dicen directamente cuando algo les preocupa. Por eso también es importante observar algunos cambios que pueden aparecer durante las primeras semanas de clases, como:
Dificultad para dormir
Irritabilidad frecuente
Dolores de cabeza o de estómago antes de ir a clases
Rechazo repentino a asistir a la escuela
Tristeza después de la jornada
Aislamiento
Miedo a hablar de determinadas personas o situaciones.
Una señal aislada no necesariamente significa que exista un problema. Pero cuando una conducta se repite o genera preocupación, puede ser una oportunidad para conversar con calma y buscar apoyo. Lo importante es evitar interrogatorios o reacciones que puedan generar más temor.
Frases como “puedes contarme lo que pasó”, “quiero entender cómo te sentiste” o “vamos a buscar una solución juntos” pueden abrir la conversación.
Acompañar no significa enfocarse únicamente en aquello que salió mal. Durante esta primera semana también pueden haber ocurrido pequeños momentos importantes: un nuevo amigo, una clase divertida, un profesor que explicó algo de una manera diferente o una actividad que despertó curiosidad.
Puedes preguntar:
¿Quién te hizo reír esta semana?
¿Aprendiste algo que no sabías?
¿Conociste a alguien nuevo?
¿Qué actividad te gustaría repetir?
¿Qué fue lo mejor de tu semana?
Reconocer estas experiencias ayuda a construir una relación más positiva con la escuela.
La seguridad también forma parte del bienestar escolar. En la encuesta Tu Voz, Tus Derechos, el 78,8 % de estudiantes consultados indicó sentirse seguro dentro de su institución educativa. Sin embargo, un 8,8 % respondió que no se sentía seguro y un 12,4 % prefirió no responder. Esto nos recuerda la importancia de mantener conversaciones sobre seguridad de manera natural.
Puedes preguntar:
¿Hay algún lugar de la escuela donde no te sientas cómodo?
¿Sabes a qué adulto puedes acudir si tienes un problema?
¿Qué harías si alguien te molesta o te lastima?
¿Conoces al personal del Departamento de Consejería Estudiantil, DECE?
¿Sabes que puedes contarme si algo te preocupa?
Una frase sencilla puede marcar la diferencia:
“Puedes contarme lo que te pase, incluso si crees que te vas a meter en problemas.”
Tal vez tu hijo todavía no encontró nuevos amigos. Quizás extraña a su profesor anterior. Puede que todavía le cueste despertarse temprano o que un día llegue emocionado y al siguiente agotado. Todo eso puede formar parte del proceso de adaptación.
Las primeras semanas sirven para conocer nuevas rutinas, personas y espacios. Como adultos, nuestro papel no siempre será encontrar inmediatamente una solución. Muchas veces lo más importante será escuchar, acompañar y ayudar a poner nombre a las emociones.
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Este fin de semana pueden dedicar unos minutos para que cada miembro de la familia complete cuatro frases:
Esta semana me gustó…
Esta semana me preocupó…
La próxima semana quiero intentar…
Necesito ayuda con…
Madres, padres y cuidadores también pueden responderlas. Cuando los adultos comparten cómo se sienten, enseñamos a niñas, niños y adolescentes que hablar de emociones, pedir ayuda y reconocer las dificultades es parte de la vida cotidiana.
El inicio del año lectivo puede traer emoción, nervios, cansancio y muchos cambios. Por eso, durante estas primeras semanas, quizás podamos cambiar ligeramente la conversación.
Antes de preguntar cuánto aprendieron, cuánto deber tienen o qué nota sacaron, podemos comenzar por algo más sencillo:
¿Cómo te sentiste esta semana?
Porque cuando una niña, niño o adolescente sabe que alguien está dispuesto a escucharle, también aprende que sus emociones, experiencias y opiniones importan.