El regreso a clases trae cuadernos nuevos, reencuentros con amigos y muchos aprendizajes. Pero también puede significar cambios de rutina, nervios, nuevos desafíos y preocupaciones para niñas, niños, adolescentes y sus familias.
Por eso, prepararse para volver a las aulas va mucho más allá de comprar útiles escolares. El regreso a clases también implica cuidar la alimentación, las emociones, el descanso y, sobre todo, crear condiciones para que cada niña y niño se sienta protegido y escuchado.
En Ecuador, estos temas tienen especial importancia. La encuesta nacional “Tu voz, tus derechos” encontró que el 78,8 % de niñas, niños y adolescentes consultados se siente seguro en su institución educativa. Sin embargo, el 15,9 % manifestó conocer uno o más casos de violencia dentro de su unidad educativa.
¿Cómo podemos acompañarlos en este nuevo comienzo? Estos siete consejos pueden ayudar.
1. Retoma las rutinas antes del primer día de clases
Después de las vacaciones, levantarse temprano puede ser uno de los primeros desafíos. Para evitar que el cambio sea demasiado brusco, es recomendable recuperar poco a poco los horarios habituales.
Unos días antes de regresar a clases, intenta adelantar progresivamente la hora de dormir y despertar. También puedes organizar horarios para las comidas, el baño, la preparación de la mochila y otras actividades diarias. Dormir y descansar adecuadamente ayuda a niñas, niños y adolescentes a tener más energía, concentrarse y enfrentar de mejor manera sus actividades escolares.
Además, involucrarlos en la organización puede hacer que el regreso sea más positivo. Pregúntales qué quieren preparar primero, qué materiales necesitan o cómo podrían organizar su espacio de estudio.
2. Conversa sobre cómo se sienten al volver a clases
No todos viven el regreso a clases de la misma manera. Mientras algunos sienten emoción por encontrarse con sus amistades, otros pueden experimentar nervios, miedo, tristeza o preocupación.
Por eso, una de las herramientas más importantes para las familias es algo muy sencillo: escuchar.
En lugar de preguntar solamente “¿cómo te fue?”, prueba con preguntas más abiertas:
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¿Qué fue lo que más te gustó de tu día?
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¿Hubo algo que te hizo sentir incómodo o preocupado?
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¿Con quién compartiste durante el recreo?
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¿Hay algo en lo que quisieras que te ayude?
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¿Qué esperas de este nuevo año escolar?
Escuchar sin juzgar puede facilitar que niñas, niños y adolescentes expresen lo que realmente están viviendo. Este acompañamiento también es importante dentro de la escuela. En la encuesta “Tu voz, tus derechos”, el 56,2 % de niñas y niños señaló sentirse siempre escuchado por sus docentes, mientras que otros estudiantes indicaron sentirse escuchados regularmente, algunas veces o nunca. Hogar y escuela pueden convertirse así en espacios complementarios de confianza.
3. Prepara una alimentación que les dé energía para aprender
La alimentación también forma parte del regreso a clases. Un desayuno adecuado y una lonchera equilibrada pueden contribuir al bienestar y favorecer la concentración durante la jornada escolar. Sin embargo, la realidad alimentaria de muchas familias ecuatorianas presenta desafíos importantes.
En la consulta nacional sobre el derecho a la alimentación, solo el 38 % de niñas, niños y adolescentes participantes indicó consumir frutas y verduras todos los días, mientras que el 81 % señaló consumir con frecuencia snacks o alimentos procesados.
Para una lonchera escolar se pueden priorizar, de acuerdo con las posibilidades de cada familia, alimentos sencillos y disponibles localmente: frutas, agua, preparaciones caseras y alimentos frescos. No se trata de buscar una lonchera “perfecta”, sino de avanzar hacia opciones variadas y nutritivas y reducir, cuando sea posible, los productos con alto contenido de azúcar, sal o grasas.
También es importante involucrar a niñas y niños en la elección y preparación de sus alimentos. Esto puede convertirse en una oportunidad cotidiana para hablar sobre alimentación saludable.
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4. Enséñales a reconocer y comunicar situaciones de violencia
Una escuela segura no es únicamente aquella que cuenta con infraestructura adecuada. También es aquella donde niñas, niños y adolescentes pueden aprender sin miedo a agresiones, intimidación, acoso o cualquier otra forma de violencia.
Los datos muestran por qué esta conversación es necesaria. Entre quienes reportaron conocer situaciones de violencia en su institución educativa en la encuesta “Tu voz, tus derechos”, la forma más mencionada fue la violencia entre estudiantes, con el 57,6% de los reportes.
Antes del inicio de clases, recuerda a tus hijas e hijos que ninguna forma de violencia debe normalizarse. Explícales que pueden contarte si alguien los golpea, amenaza, insulta, intimida, excluye constantemente o realiza cualquier comportamiento que los haga sentir inseguros.
También es importante que sepan identificar adultos de confianza dentro de su institución educativa. La misma encuesta encontró que el 83,1 % de estudiantes consultados manifestó sentirse seguro al acudir al Departamento de Consejería Estudiantil (DECE). Conocer las rutas de ayuda antes de necesitarlas puede hacer una gran diferencia.
5. Habla sobre el bullying sin esperar a que ocurra
Hablar de bullying o acoso escolar no significa generar miedo. Significa dar herramientas. Explica a niñas y niños, según su edad, que existe una diferencia entre un conflicto ocasional y una situación de intimidación repetida. Enséñales también que pedir ayuda no es “acusar” ni “ser débil”.
Es igualmente importante conversar sobre qué hacer cuando observan que otra persona está siendo agredida. Pueden aprender acciones sencillas como no sumarse a las burlas, acompañar a quien está siendo excluido y comunicar la situación a una persona adulta de confianza.
La prevención de la violencia es responsabilidad de toda la comunidad educativa: estudiantes, familias, docentes y autoridades.
6. Acompaña también su vida digital
El regreso a clases también ocurre en espacios digitales. Grupos de mensajería, plataformas educativas, videojuegos y redes sociales forman parte de la vida cotidiana de muchos estudiantes. Por ello, la conversación sobre seguridad debe incluir lo que sucede frente a una pantalla.
Las familias pueden establecer acuerdos claros sobre horarios, privacidad y uso responsable de dispositivos. También es importante enseñar que no deben compartir contraseñas, información privada, fotografías íntimas ni datos que permitan identificar fácilmente dónde viven o estudian.
Pero la supervisión funciona mejor cuando está acompañada de confianza. Si una niña, niño o adolescente recibe un mensaje ofensivo, una amenaza o algún contenido que le cause miedo o incomodidad, necesita saber que puede pedir ayuda sin temor a ser castigado inmediatamente con la pérdida de su dispositivo. El objetivo debe ser proteger, orientar y mantener abierta la comunicación.
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7. Haz del regreso a clases un esfuerzo en equipo
Familias y escuelas comparten un mismo objetivo: que niñas, niños y adolescentes puedan aprender, desarrollarse y sentirse protegidos.
Por eso, al comenzar el año escolar es útil conocer quién es su docente, cuáles son los canales de comunicación de la institución, cómo funciona el DECE y qué mecanismos existen para reportar una situación que afecte el bienestar de los estudiantes. También vale la pena preguntar a niñas y niños qué necesitan.
En ocasiones, los adultos nos concentramos en uniformes, horarios, tareas y calificaciones, mientras que ellos pueden estar preocupados por hacer amigos, adaptarse a un nuevo profesor o sentirse aceptados en su curso. Escuchar su voz permite acompañarlos mejor.
Un regreso a clases también puede ser un nuevo comienzo
Preparar la mochila es importante. Preparar emocionalmente a nuestras hijas e hijos lo es aún más. El regreso a clases puede convertirse en una oportunidad para fortalecer rutinas saludables, mejorar la comunicación familiar y recordar a cada niña, niño y adolescente que tiene derecho a estudiar en un ambiente seguro y libre de violencia.
No podemos anticipar cada dificultad que aparecerá durante el año escolar. Pero sí podemos dejarles algo fundamental desde el primer día: la certeza de que sus emociones importan, su voz merece ser escuchada y siempre pueden pedir ayuda.
Cuando familias, escuelas y comunidades trabajan juntas, volver a clases puede significar mucho más que regresar al aula: puede ser el comienzo de un año lleno de aprendizaje, protección y oportunidades.

