Han pasado 10 años desde aquella noche del 16 de abril de 2016 que cambió para siempre la historia de miles de familias en Ecuador. El terremoto que golpeó con mayor fuerza a Manabí y Esmeraldas dejó dolor, pérdidas irreparables y comunidades enteras obligadas a empezar de nuevo. Pero también dejó algo que sigue vivo hasta hoy: la fuerza de las personas para levantarse, cuidarse entre sí y reconstruir con esperanza.
Recordar esta fecha es, ante todo, un acto de memoria. Es honrar a quienes ya no están, abrazar a quienes sobrevivieron y reconocer la resiliencia de niñas, niños, adolescentes, familias y comunidades que, aun en medio de la devastación, encontraron maneras de seguir adelante.
Una emergencia que marcó al país
En los primeros 120 días de respuesta, World Vision Ecuador atendió a 71.380 personas y 15.189 familias en territorios afectados. La intervención llegó a 2 provincias, 8 cantones, 18 parroquias y 215 comunidades. En ese mismo período, 1.769 niñas y niños recibieron atención y protección en 16 Espacios Amigables para la Niñez.
Desde el inicio, la respuesta priorizó a las familias en mayor situación de vulnerabilidad: hogares con viviendas destruidas o gravemente afectadas, familias en refugios, mujeres embarazadas o en período de lactancia, personas adultas mayores, personas con discapacidad y comunidades que no habían recibido otro tipo de ayuda.
Estar presentes cuando más se necesita
Frente a una emergencia, actuar rápido salva vidas, pero acompañar con dignidad transforma el proceso de recuperación. Durante los primeros meses tras el terremoto, World Vision Ecuador impulsó acciones de ayuda humanitaria en agua, saneamiento e higiene, albergue, protección y fortalecimiento comunitario.
Entre los principales resultados de esos 120 días se encuentran:
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3.483 kits de agua entregados a 15.410 personas.
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6.312 kits de aseo e higiene entregados a 28.592 personas.
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3.650 kits de albergue entregados a 17.820 personas.
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3.048 kits de cocina entregados a 13.635 personas.
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1.000 lonas entregadas a 4.885 personas.
Junto con la entrega de insumos, también se promovieron procesos de capacitación y recuperación. En esos primeros meses, 425 personas fueron capacitadas en Niñez en Emergencias y Primer Apoyo Psicológico, mientras 4.635 personas recibieron formación en manejo de filtros de agua.
Conoce más aquí: 120 días de ayuda humanitaria
La niñez en el centro de la respuesta
En una emergencia, la niñez enfrenta riesgos que muchas veces no se ven a simple vista. El miedo, la incertidumbre, la pérdida de rutinas, el duelo y la exposición a distintas formas de violencia pueden dejar huellas profundas. Por eso, proteger a niñas, niños y adolescentes no es una acción complementaria: es una prioridad.
Tras el terremoto, World Vision Ecuador implementó Espacios Amigables para la Niñez para ofrecer atención, contención emocional, juego y protección. Además, 9.300 personas recibieron material informativo sobre la ruta de protección y acción contra la violencia en casos de crisis y emergencias.
Ese enfoque sigue vigente hasta hoy. Entre agosto de 2024 y enero de 2025, World Vision impulsó en Monte Sinaí, Guayaquil, los Espacios para la Ternura y Alegría para la Niñez, dirigidos a niñas, niños y adolescentes en contextos de violencia, desplazamiento forzado y riesgo de captación por bandas. En esta experiencia participaron 127 niñas y niños. El 84,13% evidenció un proceso de recuperación en el ámbito psicológico y emocional; el 96,83% expresó sentirse más protegido y el 85,71% dijo saber a dónde acudir cuando tiene un problema.

Diez años después, las emergencias siguen exigiendo respuestas integrales
Aunque el terremoto de 2016 quedó atrás en el calendario, Ecuador sigue enfrentando crisis que afectan profundamente a la niñez. A junio de 2025, el 24,0% de la población vive en pobreza por ingresos y 6 de cada 10 hogares no cuenta con ingresos suficientes para cubrir la canasta básica. Además, 19,3% de niñas y niños menores de 2 años presenta desnutrición crónica infantil.
La violencia también agrava la situación. En el primer semestre de 2025 se registraron 294 muertes violentas de niñas, niños y adolescentes en Ecuador. Los propios niños, niñas y adolescentes describen vivir en entornos de miedo cotidiano, con amenazas, violencia barrial y riesgo de reclutamiento forzado.
En ese contexto, la experiencia del terremoto deja una lección clara: las emergencias no se enfrentan solo con asistencia inmediata. También requieren protección, salud mental, fortalecimiento comunitario y presencia sostenida.
Conoce más aquí: Ecuador earthquake: Facts, FAQs, and how to help
Lo que Manabí nos enseñó
Manabí nos recordó que una emergencia puede cambiarlo todo en segundos. Pero también nos enseñó que la recuperación se construye en comunidad y que la esperanza necesita acciones concretas.
Nos enseñó que una carpa puede ser refugio, pero también que un espacio seguro para jugar puede ser alivio. Que una transferencia en efectivo puede ayudar a reparar una vivienda, pero que escuchar a una niña o a un niño también es una forma de reconstrucción. Que responder a una crisis significa atender lo urgente sin perder de vista lo importante: la dignidad, la protección y el bienestar integral de la niñez.
Un compromiso que sigue en pie
A 10 años del terremoto de Manabí, sabemos que las emergencias dejan huellas profundas, especialmente en la vida de niñas, niños y adolescentes. Pero también sabemos que, cuando actuamos juntos, es posible proteger, acompañar y restaurar la esperanza.
Súmate a la campaña Siempre Juntos y ayuda a que más niñas, niños y familias reciban apoyo oportuno en contextos de emergencia. Porque estar presentes en los momentos más difíciles también es una forma de transformar vidas.
Conoce más aquí: www.worldvision.org.ec/siempre-juntos
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