Las mujeres voluntarias trabajan para erradicar la violencia y el abandono

World Vision Ecuador
Dec 9, 2020 1:16:58 PM

La alegría de sus rostros y la complicidad de sus miradas hacen olvidar, por un momento, todas las necesidades que se notan a simple vista en más de 75 comunidades de Manabí. Son decenas de mujeres que se han unido a World Vision como voluntarias comunitarias y desde hace tres meses apoyan en la ejecución del “Proyecto Respuesta Multisectorial para evitar la Propagación del Covid -19 en Ecuador” financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID e implementado por World Vision Ecuador. Su trabajo, no remunerado, lo hacen con la convicción de cambiar la realidad de niños, niñas y adolescentes que viven en situación de necesidad.

“Aquí no hay agua, mucho menos agua buena para tomar, cocinar, limpiar o asearnos como se debe. Ya se pueden imaginar lo difícil que ha sido cumplir con las normas de bioseguridad en este tiempo de pandemia” dice Cecibel, lideresa y voluntaria del sector de Valle Hermoso en Portoviejo. “Muchas personas han tenido que escoger entre comprar una mascarilla o el desayuno de su familia. Por eso, cuando se les entregó el kit con jabón líquido, detergente, alcohol gel y cloro; fue aliviarles el miedo de contagiarse y ayudar a su bolsillo”.

Para Lucía, voluntaria de la Comunidad Taina de Santa Ana, contar con una estación de lavado de manos ha sido muy beneficioso. “Por aquí, en este punto -nos señala el lavabo que está conectado a la tubería de su casa- diariamente pasan unas 600 personas que suben y bajan. Unos salen a vender sus productos, otros van para la ciudad a hacer trámites y algunos descansan un rato antes de continuar con su caminata de dos horas hasta el cerro. Tener agua y jabón para lavarse las manos es una bendición”, nos dice mientras barre el espacio destinado para la estación de lavado.

Ellas se organizan, madrugan, conversan con autoridades, coordinan encuentros, llevan registros, son confidentes, saben de las necesidades de su gente y gozan del respeto de sus vecinos, aunque confiesan que en algunas ocasiones han sido criticadas. “Hay personas que piensan que somos metidas o desocupadas”, dice Rocío de la Comunidad Tamarindo de Crucita. “La verdad es que ni lo uno ni lo otro. Nos preocupa que nuestros niños y niñas pasen encerrados, muchas veces maltratados y sin un lugar donde puedan jugar. Cuando no hay espacios para “ser niños” fácilmente uno cae en los vicios o con malas amistades. Así que alguien debe ponerse al frente para que nada malo les pase. Por ejemplo, con los afiches que recibimos les enseñamos las técnicas de lavado de manos y el correcto uso de mascarilla. Ese ha sido un buen pretexto para educarles y saber cómo están”, nos comenta Rocío mientras los niños de su comunidad esperan su turno para lavarse las manos.

Aunque algunas trabajan y además son las encargadas de su hogar siempre están dispuestas a dar de su tiempo. Para ellas, sus propias experiencias son el impulso para no desmayar en la educación de niñas, niños y jóvenes para eliminar la violencia de las familias y comunidades, más en tiempo de pandemia cuando las cifras de violencia intrafamiliar en Ecuador se incrementaron alarmantemente. “No es un camino fácil. Imagínense lo que es cambiar mentes que por muchos años han criado hijos e hijas machistas. A mí me criaron con la idea de que las mujeres debemos aguantar todo calladitas” comenta Betty, voluntaria de la Comunidad Las Gilces de la Parroquia Crucita. “Yo viví con un hombre machista que tenía problemas con la bebida. El lugar que tenía que ser mi refugio por mucho tiempo fue un campo de batalla, porque el alcoholismo viene acompañado de malos tratos. Yo pensaba que así era, que el matrimonio era para sufrir. Hasta que conocí sobre la Crianza con Ternura y comencé a aplicarla en casa. La relación con mi esposo mejoró gracias a la comunicación y fue el modelo para que mis hijos no permitan palabras hirientes ni acciones que lastimen”. Betty nunca se imaginó que su ejemplo serviría para que más personas de su comunidad quieran conocer sobre la ternura. Así que durante la pandemia ella ayudó a difundir los mensajes para una convivencia sana con los promotores de World Vision.

Junto a ella están cuatro mujeres más. Se conocieron “desviscerando” -limpiando- pescado y su amistad se estrechó gracias al trabajo de voluntariado que hace en su comunidad. “En mi familia no hay malos tratos, pero si disciplina. Cuando mis niños se portan mal saben que deben ser responsables de sus actos, lo conversamos y así hago que sientan confianza” dice Mariana. “Durante la pandemia aplicamos la Crianza con Ternura en casa. Todos colaboramos en las tareas del hogar, desde el más grande hasta el más chiquito. Lo disfrutamos porque es un tiempo de familia” concluye.

Cuando se les pregunta cómo logran cumplir con todos sus roles, no saben con exactitud cómo responder, no hay una fórmula mágica. Lo cierto es que estas mujeres están hechas de voluntad y servicio, que son los ingredientes principales para que los proyectos sean sostenibles en el tiempo y permitan la transformación de vidas.

World Vision Ecuador USAID

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