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¿Por qué el castigo físico no es la solución? 10 maneras de educar sin castigar

World Vision Ecuador
Aug 12, 2022 8:00:00 AM

Muchas personas, como padres, madres, cuidadores y docentes, siguen aplicando de forma “normal” el castigo físico como uno de los métodos de crianza y disciplina en niñas, niños y adolescentes, ya sea porque no conocen otro método, porque se sustentan en creencias erróneas o porque tienden a repetir la forma en la que fueron criados. Sin embargo, cualquier forma de violencia va en contra de sus derechos y afecta su vida en muchas formas, tanto en el presente como en su vida adulta. Las prácticas violentas se asocian con consecuencias contrarias a las que las personas adultas buscan, además existen alternativas más efectivas de disciplina sin violencia.

En este artículo compartimos contigo algunas razones por las cuales
el castigo físico no es la solución para corregir comportamientos de niñas, niños y adolescentes.
Además, te traemos 10 formas de educarlos con amor y respeto.

¿Qué es el castigo físico?

Los castigos corporales o físicos son actos cometidos en contra de niñas, niños y adolescentes en los que una persona usa la fuerza física, como golpes con la mano u otro objeto, empujones, pellizcos, mordidas, jalones de cabello u orejas, quemaduras, obligarles a mantener posturas incómodas o cualquier otro acto que busque causar dolor o malestar, aunque sea leve, con los cuales una persona busca reducir o eliminar una conducta determinada.

Conoce más en el siguiente video

Consecuencias del castigo físico en niñas y niños

Cuando niñas, niños y adolescentes son castigados físicamente tienen secuelas sobre todo psicológicas y emocionales, ya que experimentan tristeza, miedo, enojo, impotencia, culpa, confusión y pueden sentirse lastimados o no queridos en todos los casos. Otros de los efectos en niñas y niños, pueden ser los siguientes:

  • Repetir las conductas indeseadas, ser más agresivos y en general, su salud mental y su estado emocional se ven afectados.
  • Esconderse de quien lo castigó y mentir por temor a las represalias.
  • Destruye el sentido de apertura y confianza en la relación entre el padre, madre o cuidador y la niña o el niño.
  • Normalizan la violencia en su contra y asumen la culpa del castigo recibido, lo cual afecta su autoestima y autoimagen.
  • Excluyen el diálogo y la reflexión, y tienen dificultad para encontrar modos alternativos de resolver conflictos de forma pacífica.
  • Afectaciones físicas al cerebro, sobre todo en edades tempranas, pueden ser permanentes y dar paso a dificultades para procesar las emociones y para tomar decisiones de manera racional.

Además, debes saber que cuando las y los adolescentes son castigados físicamente, tienen mayor probabilidad de consumir alcohol, fumar, tener peleas, sufrir ansiedad, estrés y dificultades para manejar los problemas cotidianos.

5 razones por las cuales el castigo físico no funciona

  1. No enseña conductas nuevas. Solo suprime temporalmente, en el mejor de los casos, conductas indeseables, que luego aparecen nuevamente porque no se les ha enseñado a niñas y niños cómo debe ser el comportamiento adecuado a través de la reflexión.
  2. Ruptura de relaciones de confianza. Quien es castigado tiende a evitar relacionarse con quien lo castigó, lo que genera una separación emocional, rencor y dolor en esa relación.
  3. Complicaciones emocionales negativas y comportamientos agresivos. Estas consecuencias son el efecto contrario a lo que las personas adultas buscaban con el uso de la violencia.
  4. Escala los niveles de violencia. La persona quien castiga se siente temporalmente fuerte al desquitar su enojo, sin embargo, esa gratificación puede impedir que se percate del impacto que el castigo tiene en la niña o niño, por lo cual puede escalar la violencia y hacerse cada vez más frecuente y más violenta.
  5. Enseña a niñas y niños a ser víctimas. Equivocadamente, muchos creen que la agresión hace más fuertes a las personas que la sufren y les prepara mejor para la vida, sin embargo, no sólo no les hace más fuertes, sino más proclives a convertirse repetidamente en víctimas.

10 formas de educar sin castigar

Muchas madres, padres y cuidadores se preguntarán: “Y entonces, si el castigo no funciona, ¿qué debo hacer para corregir la conducta de mis hijas e hijos y enseñarles a comportarse?” Te traemos algunas recomendaciones para intervenir en estos casos:

  1. Practica la crianza con ternura. La Crianza con Ternura se sostiene en relaciones de amor y aceptación de niñas y niños, valora y respeta la singularidad y su derecho a discernir y realizar su sentido de vocación. Además, acompaña a tus hijas e hijos en un viaje al interior de su ser para que desde ahí se encuentren con sus deseos y sueños más profundos y auténticos. 
  2. Refuerza el comportamiento deseado. Muéstrale qué debe hacer y modela esa conducta, enséñale, moldea el comportamiento practicando cada paso y elogiándolo cuando la practique, cuando haga un paso bien y cuando logre completar la tarea.
  3. Ignora conductas no deseadas (siempre y cuando no sean peligrosas o graves). Cuando las personas adultas cambian su respuesta ante las conductas indeseadas y refuerzan las que sí desean, niñas y niños aprenden que comportarse adecuadamente es una mejor manera de obtener atención.
  4. Infórmate sobre el desarrollo de niñas y niños. Frecuentemente los adultos tienden a interpretar los errores de niñas y niños como si fueran a propósito o como si entendieran completamente las implicaciones y consecuencias de sus conductas. Lo que sucede a veces es que sus capacidades cognitivas, motoras, de comunicación y de control tienen un nivel de desarrollo en cada edad.
  5. Planifica actividades y compartan tiempo juntos. Es importante que ayudes a niñas y niños a mantenerse involucrados y activos a través de diferentes actividades, evitando así que se aburran y busquen otras conductas disruptivas. Además, es bueno que compartas actividades de recreación y disfrute. Lo más importante es cuidar la relación afectiva.
  6. Establece reglas con límites. Da a conocer a niñas y niños las consecuencias de no cumplir las normas y reglas de cada espacio de convivencia. Puedes socializarlas con el diálogo o juntos pueden hacer un dibujo o cartel. De esta forma, estas estableciendo comportamientos permitidos y enseñando que toda acción debe tener una consecuencia o aprendizaje.
  7. Entiende el porqué de la conducta negativa. Sucede que a veces las niñas y niños expresan una conducta no adecuada porque algo sucede: requieren más atención, se aburren, no tienen claros los límites. Tu tarea es averiguar mediante el diálogo lo que sucede para abordar desde la raíz esa conducta y poder prevenirla.
  8. Encamina su autonomía para tomar decisiones. Esto va de la mano con el desarrollo de su autonomía y autoestima. Enséñale con ejemplos a tomar decisiones basadas en el análisis de las consecuencias y la reflexión, de esta forma refuerzas su seguridad y su capacidad para discernir entre lo que está bien hacer y lo que debe evitar.
  9. Cuida de ti primero. Muchas veces sucede que las reacciones de violencia se dan por situaciones de estrés y enojo por la que atraviesan las personas adultas en su entorno. Así que una forma de evitar estas reacciones es mantener la salud emocional propia, para poder reaccionar de mejor forma a las conductas de niñas y niños.
  10. Da el ejemplo. Cuando quieres reforzar una conducta positiva no hay nada mejor que enseñar con el ejemplo. Tú y las personas que rodean a tu hija o hijo son la mayor referencia de conducta en su vida: si quieres que una niña no sea agresiva, no lo seas tú al relacionarte con otras personas.

Conclusión

Muchas veces madres, padres, cuidadores y docentes emplean castigos físicos porque no conocen otra forma de corregir ciertas conductas en niñas, niños y adolescentes, o porque sustentan creencias erróneas sobre la disciplina, sin olvidar que también lo hacen al no poder controlar su estrés o porque tienden a repetir la forma como ellas y ellos mismos fueron educados.

Lo que debes saber en particular, es que un sistema efectivo de disciplina debe fundamentarse en el establecimiento de reglas con límites y consecuencias claras. El establecimiento de rutinas, el diálogo, ofrecer ejemplos y alternativas de comportamientos deseados, premiar comportamientos positivos y, lo más importante, el ejemplo que das día a día, son piezas fundamentales de un sistema de disciplina positivo y efectivo.

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